• 8 septiembre, 2026 6:39 AM

EL GATO NEGRO

El Gato Negro

“Hay algo en el amor abnegado e ingenioso de un animal que llega directamente al corazón del que ha tenido frecuentes ocasiones de probar la falsa amistad y la frágil fidelidad del hombre.”

—Edgar Allan Poe, “El Gato Negro.”


El Gato Negro nace del cruce entre el encanto sombrío de Poe y esa naturaleza felina que nos mueve a explorar el mundo con curiosidad, astucia e independencia. Más que una simple sección, este es un refugio libre y dinámico para quienes habitamos la cotidianidad con la mirada atenta y el instinto despierto.

Entendemos la literatura como un territorio para recorrer sin ataduras. Por eso, El Gato Negro es un punto de encuentro para compartir textos propios y una cuidadosa selección de muestras poéticas y narrativas de autores contemporáneos. Un espacio para redescubrir la creación literaria a través de voces diversas, visiones únicas y aquellos relatos que, como un maullido en la penumbra, se niegan a quedar en el olvido.

EL UNIVERSO DEL «SI HUBIERA»

Kenia López
Colaboradora.

A Carmencita.

 

¿Qué se hace cuando el corazón está saturado de tristeza?

Cuando las manos no responden a los golpes de culpa contra el pecho,

cuando el caminar es pesado al dirigirse a una casa sin brazos,

sin cariño.

Cuando la sonrisa de ella no me recibe,

cómplice de mis malas andanzas,

ni el eco de su maleta llena de sueños coloridos y cantos arrulladores.

 

¿Por qué? Es la pregunta punzante en mi cabeza,

clavando pesares día a día.

Me late un universo de «si hubiera» en la garganta,

ahogándome lentamente;

sus últimas lágrimas aún me saben amargas.

 

No logro apreciar su rostro en mis lapsos de locura;

creí escuchar su voz.

 

Silencio.

 

Es el viento frío de la soledad,

 

una ausencia aterradora.

 

Kenia López
Colaboradora.

No apagues la luz.

Se pueden escapar mis demonios

y engullir tus vísceras

al chasquear mis dedos.


La oscuridad compila los augurios del alba

y acopla el silbido caótico

de un despertar inoportuno,

el que nadie está preparado a recibir.


Se corre el riesgo:

la oscuridad marca tarjeta

y al terminar su jornada laboral se marcha,

envuelve en su cuerpo tu desnudez.


Temo a tu partida

y a un nuevo amanecer que desconozca tu paradero.


No apagues la luz,

mis demonios aún duermen

y les molesta que interrumpan sus sueños.

Déjame pensar que comparto tu desnudez

y los secretos que deslizan tus labios.


No apagues la luz,

mis demonios no dudarán en crear

un cuerpo con nuestros genes;

no importa la cuenta del recibo

ni el canto del gallo que sangra en los oídos de la oscuridad.


No apagues la luz

ni estrujes con tus zapatos mi sombra:

cuélgala en la puerta de tu armario.