El Gato Negro
“Hay algo en el amor abnegado e ingenioso de un animal que llega directamente al corazón del que ha tenido frecuentes ocasiones de probar la falsa amistad y la frágil fidelidad del hombre.”
—Edgar Allan Poe, “El Gato Negro.”
El Gato Negro nace del cruce entre el encanto sombrío de Poe y esa naturaleza felina que nos mueve a explorar el mundo con curiosidad, astucia e independencia. Más que una simple sección, este es un refugio libre y dinámico para quienes habitamos la cotidianidad con la mirada atenta y el instinto despierto.
Entendemos la literatura como un territorio para recorrer sin ataduras. Por eso, El Gato Negro es un punto de encuentro para compartir textos propios y una cuidadosa selección de muestras poéticas y narrativas de autores contemporáneos. Un espacio para redescubrir la creación literaria a través de voces diversas, visiones únicas y aquellos relatos que, como un maullido en la penumbra, se niegan a quedar en el olvido.

EL UNIVERSO DEL «SI HUBIERA»
Kenia López
Colaboradora.
A Carmencita.
¿Qué se hace cuando el corazón está saturado de tristeza?
Cuando las manos no responden a los golpes de culpa contra el pecho,
cuando el caminar es pesado al dirigirse a una casa sin brazos,
sin cariño.
Cuando la sonrisa de ella no me recibe,
cómplice de mis malas andanzas,
ni el eco de su maleta llena de sueños coloridos y cantos arrulladores.
¿Por qué? Es la pregunta punzante en mi cabeza,
clavando pesares día a día.
Me late un universo de «si hubiera» en la garganta,
ahogándome lentamente;
sus últimas lágrimas aún me saben amargas.
No logro apreciar su rostro en mis lapsos de locura;
creí escuchar su voz.
Silencio.
Es el viento frío de la soledad,
una ausencia aterradora.
Kenia López
Colaboradora.
No apagues la luz.
Se pueden escapar mis demonios
y engullir tus vísceras
al chasquear mis dedos.
La oscuridad compila los augurios del alba
y acopla el silbido caótico
de un despertar inoportuno,
el que nadie está preparado a recibir.
Se corre el riesgo:
la oscuridad marca tarjeta
y al terminar su jornada laboral se marcha,
envuelve en su cuerpo tu desnudez.
Temo a tu partida
y a un nuevo amanecer que desconozca tu paradero.
No apagues la luz,
mis demonios aún duermen
y les molesta que interrumpan sus sueños.
Déjame pensar que comparto tu desnudez
y los secretos que deslizan tus labios.
No apagues la luz,
mis demonios no dudarán en crear
un cuerpo con nuestros genes;
no importa la cuenta del recibo
ni el canto del gallo que sangra en los oídos de la oscuridad.
No apagues la luz
ni estrujes con tus zapatos mi sombra:
cuélgala en la puerta de tu armario.
