No apagues la luz.
Se pueden escapar mis demonios
y engullir tus vísceras
al chasquear mis dedos.
La oscuridad compila los augurios del alba
y acopla el silbido caótico
de un despertar inoportuno,
el que nadie está preparado a recibir.
Se corre el riesgo:
la oscuridad marca tarjeta
y al terminar su jornada laboral se marcha,
envuelve en su cuerpo tu desnudez.
Temo a tu partida
y a un nuevo amanecer que desconozca tu paradero.
No apagues la luz,
mis demonios aún duermen
y les molesta que interrumpan sus sueños.
Déjame pensar que comparto tu desnudez
y los secretos que deslizan tus labios.
No apagues la luz,
mis demonios no dudarán en crear
un cuerpo con nuestros genes;
no importa la cuenta del recibo
ni el canto del gallo que sangra en los oídos de la oscuridad.
No apagues la luz
ni estrujes con tus zapatos mi sombra:
cuélgala en la puerta de tu armario.

Kenia López
Colaboradora.
