A Carmencita.
¿Qué se hace cuando el corazón está saturado de tristeza?
Cuando las manos no responden a los golpes de culpa contra el pecho,
cuando el caminar es pesado al dirigirse a una casa sin brazos,
sin cariño.
Cuando la sonrisa de ella no me recibe,
cómplice de mis malas andanzas,
ni el eco de su maleta llena de sueños coloridos y cantos arrulladores.
¿Por qué? Es la pregunta punzante en mi cabeza,
clavando pesares día a día.
Me late un universo de «si hubiera» en la garganta,
ahogándome lentamente;
sus últimas lágrimas aún me saben amargas.
No logro apreciar su rostro en mis lapsos de locura;
creí escuchar su voz.
Silencio.
Es el viento frío de la soledad,
una ausencia aterradora.

Kenia López
Colaboradora.
